Por Viétnika Batres

Si en 2000 México vivía la transición a la democracia, en 2006, ya curados del “cambio” prometido, podríamos jugar a la transición a la vuducracia con Vicente, Martita, El Peje, Felipe y Roberto. ¿Tienes un favorito entre ellos? ¡Adóptalo!, y conviértete “en un verdadero activista”.
Con la “acupuntura a distancia”, el Colectivo Modafoca pone en tus manos la oportunidad de enviar a los políticos que han afectado tu vida —para bien o para mal— tus mejores deseos. Estimula los puntos energéticos que se indican en el instructivo y refuerza o contribuye a generar las cualidades que debe tener un representante popular “en estos tiempos de descomposición”.
Diviértete con tu vudúcrata mientras practicas tus responsabilidades ciudadanas, pero recuerda que no se trata de un juguete cualquiera. “Son herramientas metapolíticas didácticas”, explica Alberto Nava, uno de sus creadores. “El muñequito vudú es una herramienta” porque no tiene un fin en sí mismo, sólo te va a ayudar a hacer algo… así sea darle rienda suelta a la risa.

 


“Se ha subestimado el poder del humor: es didáctico, holístico, incluso erótico. El humor es la sorpresa, lo absurdo. Nosotros creemos que el poder del humor nos puede regresar una frescura que se ha perdido”.

Broma de la broma
En esta época, dice Nava, el humor es recurso de supervivencia, remedio contra la solemnidad, medicina contra la depresión. “La mayoría de las noticias están de la chingada… ¿qué haríamos si no pudiéramos reírnos de nuestras desgracias? Apelamos al humor porque nosotros no queremos salvar al mundo, nuestra misión es provocar”.
Y los integrantes de Modafoca no pierden la ocasión de hacerlo. Por ejemplo, cuando se presentaron en Canal 11 para hablar de los vudúcratas resistieron la tentación de convertirse en celebridades y posaron con máscaras.
“Nosotros no necesitamos de nuestra cara, ni siquiera de nuestros nombres, para aventurar una invitación a jugar”. En aquella ocasión jugaron a la inversa de lo que marca la política hoy: mucha imagen y poco o nada de contenidos.
“El capital político de gobernantes, legisladores y funcionarios radica cada vez más en su imagen, en su nombre y en todo lo que pueden asociar a ello, sobre todo en términos visuales”, lamenta Nava, egresado del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), donde estudió primero economía y luego ciencia política.
“Este asunto de dar la cara ya se volvió demasiado, ahora nada más hay caras, hasta existe una revista que se llama así. Y en el colmo de la ironía, ¡hasta el subcomandante Marcos sale ahí!”, dice exasperado el itamita de 32 años.
Para Nava, el punto más refinado de la neurosis del político lo alcanza justamente el delegado Zero. “Una de las justificaciones del pasamontañas fue que en el movimiento zapatista no había personalidades, ¿no? Y mira en qué se ha convertido. En algún momento parecía que él podría haberse sustraído de esa dinámica de las máscaras, pero fue al revés… y en grado extremo.
“Digamos que ya es la broma de la broma: si hoy los políticos son máscaras, el líder guerrillero es una máscara con máscara”.


Son bonitos,
son durables…

La facilidad de Nava para convertir —así sea mentalmente— símbolos en productos le viene de su trabajo en la agencia de publicidad BBDO, una de las más grandes del país.
Le resulta inevitable pensar en términos de mercado: “Marcos se ha hecho supremamente identificable, todos sabemos quién es. Es un fenómeno mediático. Se ha vendido súper bien. Él y Andrés Manuel López Obrador han sabido manejar a los medios”.
Esa realidad se reflejó incluso en las ventas de la primera edición de vudúcratas, que salió al mercado en octubre pasado: el muñeco del Peje fue el más pedido. En cambio, la figura de Felipe (Calderón) tuvo poca demanda, en mucho porque “la gente todavía no lo identifica”, explica Nava. También hubo un modelo Santiago (Creel), que pasó sin pena ni gloria; la mayoría se quedó en el aparador.
En el segundo tiraje corregido y reducido de vudúcratas, que empieza a circular este mes, reaparecen Vicente y Martita, Roberto, El Peje y un Felipe mejor dibujado, a ver si pega mejor. Como en la escena política actual, Santiago ha desaparecido.
La tercera generación de vudúcratas contará, además, con los muñecos del Sub y de George Bush.


Dios, marca registrada
La línea de productos de Modafoca no se agota en el vudú. Este año el colectivo prepara un juego con objetos político-litúrgicos, y otro con piezas que se ensamblan. Posee además su propia marca de ropa, FashionSlayer, la cual próximamente imprimirá camisetas con estas frases:
© GOD Hope management
© GOD Fear management
O sea, Dios como administrador de la esperanza, del miedo. Y con derechos reservados. ¿Puede alguien decir que tiene ese copyright divino? “Es otra provocación”, admite Nava… como si hiciera falta.
“Sospechamos que la idea de Dios, o Dios mismo, ha sido el producto más exitosamente vendido en toda la historia de la humanidad. Pero lo es por una razón específica: el miedo. A lo desconocido, a la muerte”.
“Cada religión tiene una especie de promesa de venta: si tú crees en nosotros y practicas nuestras enseñanzas, vas a adquirir trascendencia ultraterrena. El miedo es fundamental para que eso tenga valor”.
Nava juega con el paralelismo que existe entre religión y política. No sólo los hombres del poder religioso echan mano del miedo, los políticos lo hacen todo el tiempo. Ahí están los nazis y el éxito que tuvieron al crear un adversario externo por medio del miedo. “Era una sicosis generalizada”, comenta Nava.
En México Ernesto Zedillo utilizó el argumento del miedo —a la guerrilla zapatista— en su campaña como candidato presidencial del PRI. Ganó. A casi 12 años el miedo ronda, ahora se llama populismo.
“Los políticos aspiran a verse fuertes ante la sociedad, quieren ser notados y necesitan un adversario, para empezar. Así que se construyen un enemigo, crean una relación con él, le atribuyen todo lo terrible que nos puede suceder si no se le anula o se le saca de la carrera. Claro, también se le puede ganar legalmente”.
El tono cáustico impregna la voz del itamita. Es escéptico, casi cínico. Asegura que política, religión y publicidad se parecen mucho.
“Las marcas usan los símbolos igual que las religiones: mientras éstas tienen una cruz o una estrella que las identifican, aquéllas manejan un morfotipo y un logotipo, o sea un dibujo y una palabra. Marcas e iglesias son aspiracionales, fomentan una serie de valores y crean identidad”.
Nava sonríe y deja caer la última de sus analogías: “Cada partido político es una marca en busca de clientela”.


Motherfuckers
Para los del colectivo Modafoca no hay vacas sagradas: se meten con lo que pueden, y si pueden, lo comercializan. Por qué no, si “la resistencia y la contracultura terminaron siendo un objeto de marketing súper atractivo. Todas las vanguardias se han mediatizado, hoy la onda hippie se vende en almacenes de prestigio”.
Modafoca es una sociedad anónima con fines de lucro. “No estamos, como el Sub Marcos, contra el capitalismo, ni pensamos que lo vamos a derrotar o transformar. Intentamos ser empresarios, pero nuestra ambición es más egoísta que monetaria, más narcisista, si se quiere: comunicarnos, tener nuestro foro, escribir lo que queramos (y que se pague solito)”.
Acepta que son “un grupo de privilegiados, porque la mayoría tuvimos una educación privada… Bueno, de entrada tuvimos educación”. Pero “aunque no somos indígenas, campesinos ni obreros”, pretenden lograr que la gente se cuestione.
El publicista politólogo que estudió diez años budismo, yoga y sicoterapia corporal, finaliza: “Queremos ser un parásito del sistema, del mercado. Un parásito benigno”.